Disculpe el exceso de confianza, pero usted es el maestro de muchas generaciones de periodistas deportivos y como pitonizo adelantaste entre broma y broma tu partida en una entrevista previa a la presentación de tu segundo libro en el Perú ‘Fútbol es pasión’.
“Es definitivo, yo ya no me voy, incluso ya tengo reservada cama en el ‘Parque del Recuerdo’ de Lurín, donde está enterrada mi señora, ahí está Lolo Fernández, está Toto Terry, Juan Joya, así que de noche vamos a conversar largo y tendido, más tendidos que nunca (risas)”, así lo dijiste con tu humor característico.
Manejaste una pincelada amena, la cual forjaron tu camino en el periodismo deportivo desde los 21 años, después de estudiar 3 años de odontología, y tuvo como maestro al uruguayo Ricardo Lorenzo Rodríguez, ‘Borocotó’, quien te llevó a trabajar a ‘La Razón’, el diario bonaerense de mayor tiraje en español del mundo en los años sesenta.
Tu experiencia fue vasta y polémica antes de llegar al Perú, pues dirigiste a la revista El Gráfico, siendo jefe de Deportes en El Día, decano de la prensa uruguaya, y desplegaste tus comentarios en Radio Sport. Por ello, tu olfato periodístico te llevó a pronosticar que Perú clasificaría a España 82 dejando fuera a Uruguay y Colombia, algo que se te fue muy criticado en tu país.
En ese mismo año, por el mes de agosto, llegaste al Perú por 4 meses para escribir en El Comercio sobre el mundial, pero luego fuieste contratado por Panamericana Televisión y te quedarías en RPP con su ‘Oído a la música’ hasta tus últimos días.
Fueron 20 años en Argentina, donde tuviste tus hijos, y fueron casi 30 años en el Perú, donde criaste a tus nietos como el abuelito querendón, que los protegía con el amor de padre que engríe y no castiga.
Para ti estos últimos años fueron lindos, como tú mismo dijiste, porque con tu libro quisiste devolver en parte todo lo que te dejó el Perú.
Una de tus enseñanzas fue que “La última frase de la nota tiene que dejar algo”, y dejaste tu experiencia desde que llegaste, dejaste tu revolución del periodismo deportivo nacional, tu amor por el país y tu hora del recreo, que quedará estampada con tinta indeleble en la memoria de todos los peruanos con una carcajada al final, por más malo que fuera el chiste de gallegos. En paz descanse Maestro. (Rpp).
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